Las formas del sentimiento
- franciscobajocampo
- 15 abr
- 2 Min. de lectura
Hay emociones que no se dejan decir de una sola manera.
Algunas permanecen como huella.
Otras se vuelven luz.
Otras, en cambio, necesitan convertirse en símbolo.
Mi trabajo nace de esa búsqueda: dar forma a lo que se siente cuando las palabras ya no bastan. No desde una idea fija, sino desde una escucha interior. La materia aparece entonces como un lenguaje: un lugar donde la emoción puede quedarse, transformarse y tomar cuerpo.
De ahí surgen Nagori, Mediterráneo y Fábula. No como caminos opuestos, sino como distintas formas de habitar un mismo pulso creativo.

Nagori habla de lo que permanece. De la memoria que no desaparece. De la herida, la cicatriz y el rastro que el tiempo transforma, pero no borra. En estas piezas, la materia contiene una emoción más honda, más silenciosa, más cercana a la huella de lo vivido.

Mediterráneo nace desde otro lugar. Desde la luz, el aire, la tradición y una belleza que respira de forma más abierta. Aquí la emoción no pesa: se expande. La forma se suaviza, se serena, y encuentra en la claridad otra manera de conmover.

Fábula aparece como un territorio más libre y simbólico. Un espacio donde la emoción se acerca al relato, al signo, a la imagen esencial. No necesita explicarse del todo. Le basta insinuar, sugerir, dejar que la forma cuente lo que no puede decirse de frente.
Las tres líneas nacen del mismo lugar. De la necesidad de escuchar qué pide cada emoción. Porque no todo sentimiento deja la misma huella, ni busca la misma luz, ni
necesita el mismo lenguaje.
A veces el sentimiento deja huella. A veces se vuelve luz. A veces necesita convertirse en símbolo.
Y quizá crear consista precisamente en eso: en escuchar qué forma necesita cada emoción para existir.



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