top of page

Iwadama  岩魂

Cuando tallo el barro, siento que mis manos no buscan una forma: buscan un latido oculto, algo que quiere salir a la luz desde muy dentro.

De ese gesto nace Iwadama, palabra japonesa formada por iwa (roca) y dama (alma). La pieza  “Alma de roca”, respira como un fragmento arrancado al silencio, conserva la memoria de la tierra, la tensión del tiempo y la vulnerabilidad de lo que, aun herido, permanece en pie.


Sus aristas parecen cicatrices antiguas; sus planos, estratos que guardan historias que nadie contó. En ella habita una fuerza que no grita, pero se siente: la fuerza de lo que ha resistido.

No pretende ser piedra; es un recuerdo de aquello que fue, una esencia que la materia conserva incluso después de romperse.

bottom of page